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viernes, 3 de junio de 2011

A SANTA CRUZ DE TINERFELANDIA NI OLVIDO NI PERDÓN

Sostengo la tesis de que el llamado en su libro "El pleito insular" por el que fuera en vida notario tinerfeñón Marcos Guimerá Peraza, por el enfrentamiento entre Santa Cruz de Tinerfelandia y Las Palmas por la capitalidad provincial tuvo su origen en el traslado de los capitanes generales a Tinerfelandia, que habían radicado en la Ciudad Real de Las Palmas desde 1589, con Felipe II, aunque ya desde la conquista castellana el mando militar del archipiélago estuvo en nuestra ciudad, y Fernández de Lugo, conquistador de la isla del Teide, fue el Adelantado del gobernador de Gran Canaria, de cuya autoridad dependía, no de la reina Isabel de Castilla, como por allá afirman sin fundamento alguno.

En 1661, el capitán general Jerónimo de Benavente comenzó a pasar temporadas en La Laguna, alegando como pretexto los negocios vinícolas -¿Qué tiene que ver el vino con la milicia? Absolutamente nada-. Pero fue en 1723 -en el que comienza la denominación de comandante general- cuando Lorenzo Fernández de Villavicencio, marqués de Valhermoso, desacatando la Real Cédula de Felipe V que le ordenaba residir en Las Palmas fija definitivamente su residencia en Tinerfelandia, primero en La Laguna y poco tiempo después se trasladó a su barrio porteño, Santa Cruz, lugar hórrido, pequeño y de escasos habitantes, pero que con esto comenzó su desarrollo urbano y económico puesto que Fernández Villavicencio y sus sucesores lo favorecieron descaradamente en detrimento de Las Palmas.

Desde esa época tan lejana ya evidenciaron los chicharrerones sus extraordinarias dotes para la intriga y la adulación a los personajes públicos nacionales, que ha continuado hasta nuestros días, que le son congénitos. Lo que asombra es que el rey no castigara el desacato del comandante general y lo destituyese ipso facto, aunque quizá también los chicharrerones ejercieran la vil adulación al monarca. Aquí comenzaron las hostilidades entre las dos islas. Después Santa Cruz consiguió su segregación de La Laguna y la consideración de villa exenta como premio a la "victoria" sobre la insignificante flotilla británica integrada por tres grandes naves y seis pequeñas, con unos novecientos hombres, que mandaba el comandante Troubridge y en la que estaba Horacio Nelson, que entonces era un simple capitán de navío, y cuyo objetivo era apoderarse de un galeón que llevaba a la península un cargamento de metales preciosos procedente de las colonias americanas, que no pudo lograr, pero no se entiende como Troubridge, con tan escasos efectivos, tuvo la "brillante" idea de pretender conquistar Tinerfelandia, que entonces contaría con una población de unas 50.000 personas, aproximadamente, por lo que la descabellada empresa estaba de antemano condenada al fracaso por la superioridad numérica de los habitantes de la isla, pero aun así consiguieron desembarcar algunos cientos y hacerse fuertes en el convento de san Francisco, resistiendo 24 horas el asedio, pero al fin tuvieron que capitular.

Los chicharrerones han magnificado este hecho como si hubiera sido una gran armada y Nelson en aquel momento el famoso y gran almirante, triunfador, aunque muerto, en la batalla de Trafalgar, y han conseguido que en el lema del escudo de Santa Cruz figure Invicta, cuando este adjetivo corresponde en puridad a La Laguna, que era la ciudad y aquella su barrio portuario. Un delirio más de sus calenturientas mentes. Más adelante, siendo todavía villa pretendió hacerse con la capitalidad de Canarias en las Cortes de Cádiz, pero el canónigo grancanario Pedro Gordillo, con encendido y elocuente verbo, demostró en dichas Cortes los históricos e indiscutibles derechos de la Ciudad Real de Las Palmas, donde tenían su sede la Real Audiencia de Canarias, el Obispado de Canarias, el Tribunal de la Inquisición -por desgracia- y otros organismos de rango civil, y ante estos sólidos argumentos las Cortes gaditanas acordaron el 16 de Diciembre de 1812, que fuera el lugar de la junta preparatoria para la constitución de la Diputación Provincial, pero dos o tres días después de esta sesión arriba a Cádiz una nave enviada desde Tenerife por el comandante general Pedro Rodríguez de la Buría, comunicando que había creado por su decisión personal y arbitraria la Diputación Provincial en Santa Cruz -esta embarcación llegó en tiempo tan insólitamente breve porque contó con vientos favorabilísimos, y allá dijeron que había sido designio divino y celebraron un Te Deum en acción de
gracias-, incomprensiblemente las Cortes de Cádiz aceptaron esta artera maniobra y se retractaron de su anterior acuerdo favorable a nuestra ciudad.

En 1833, durante el reinado de Isabel II, se produjo la división administrativa de España en 49 provincias, y el Ministro de Fomento, Francisco Javier de Burgos, ratificó a Santa Cruz en la capitalidad provincial de Canarias, gracias, una vez más, a las bajezas y adulonerías de los diputados chicharrerones, con lo que comienza ya de forma contundente la tiranía chicharrerona, el terrible yugo sobre Gran Canaria, que sufriría durante 94 años, hasta la división provincial de 1927. Lo que me sorprende, y no le encuentro justificación alguna, es como Fernando León y Castillo, que fuera Ministro de Ultramar primero y de Gobernación después, que pronunciara las famosas sentencias: "Todo por Gran Canaria y para Gran Canaria" y "Sobre todo soy grancanario", no ejerciera sus grandes influencias políticas en el Gobierno Nacional para que a Las Palmas se le restituyese la capitalidad que desde la época de la conquista había desempeñado al radicar en ella, como expuse anteriormente, todos los organismos judiciales, militares -hasta 1723 por el desacato del comandante general Fernández Villavicencio, que ya he comentado al principio de este artículo-, eclesiásticas y civiles, aunque no existieran todavía las provincias.

La opresión que sufrió Gran canaria por parte de la capital provincial fue tremenda, siendo víctima de toda clase de tropelías, entre las que hay que citar como la más inhumana y atroz la incomunicación a que fue sometida durante nueve meses (Junio de 1851 a Febrero de 1852) con motivo de la epidemia de cólera, pues no solamente se les prohibió a los navíos arribar a ella sino que se les quitaron los timones a todos los barcos que aquí estaba fondeados para que no pudiesen salir a buscar auxilio; la mortandad fue numerosísima, sobre todo por falta de medicamentos, pero cuando le tocó la epidemia a Chicharrelandia si permaneció abierta y comunicada. También arrasaron nuestros bosques, incendiándolos para luego llevarse la leña para allá. Igualmente hubo una amenaza de invasión chicharrerona por lo que se formaron brigadas que vigilaban constantemente nuestras costas para dar la voz de alarma y prepararse a la defensa si se veía alguna nave sospechosa. Estos son algunos de los muchos ejemplos que podría relatar de los numerosos atropellos que se cometieron sobre nuestra isla.

A los que piensen o supongan que exagero llevado por un fanatismo extremo les remito a la lectura de la interesante y documentada obra del historiador Agustín Millares Cantero "Santa Cruz dominadora", que todo grancanario que se precie de serlo debe conocer, especialmente las nuevas generaciones, para que se enteren del odio mortal que nos han tenido, y que quizá todavía muchos chicharrerones nos tengan envenenados por el vil don Pepone, que los engaña y exalta con sus soflamas en el panfleto El Día-rrea, educándolos en el santo temor a Dios y en el eterno odio a Gran Canaria.

 En un número de la revista Sansofé, que editaba la entonces Caja Insular de Ahorros -hoy Caja de Canarias, integrada en Bankia-, se publicó un artículo, creo que en el año 1970 ó 1971, que no recuerdo ahora con precisión, de cuyo autor tampoco me acuerdo, titulado "La división provincial, un error histórico", afirmando que había sido iniciativa y obra de la derecha grancanaria para mantener sus prerrogativas. El "patinazo" del redactor de este censurable trabajo es mayúsculo y demuestra su absoluta ignorancia del tema y de las enormes tropelías que tuvieron que sufrir los grancanarios de aquella época nefasta para nuestra isla. ¿Quería el firmante de ese desacreditado artículo que los habitantes de Gran Canaria estuvieran peor que esclavizados por los cruelísimos amos chicharrerones?

Parece que sí. Estoy totalmente de acuerdo con Agustín Millares Cantero cuando en la susoreferida obra afirma que la división provincial FUE UN INCUESTIONABLE ACIERTO HISTÒRICO. Imagínese el lector que hubiese sido de nuestra isla -y de Lanzarote y Fuerteventura- de no haberse producido esa división. ¿Habría sido La Ciudad Real de Las Palmas de Gran Canaria la más importante del archipiélago en todos los aspectos: económicos, comerciales, culturales, sociales, portuarios aeroportuarios, deportivos, etc del archipiélago? Rotundamente NO porque Santa Cruz hubiese impedido por todos los innobles procedimientos a su alcance nuestro progreso, que hemos conseguido ÚNICAMENTE NOSOTROS por nuestros nobles afanes y esfuerzos de pueblo emprendedor. Agustín Millares Cantero también demuestra categóricamente que la división provincial fue obra de la izquierda grancanaria, a la que se sumó la burguesía porque comprendió que en ella estaba nuestra posibilidad de liberarnos del infamante yugo que nos oprimía y que impedía nuestro adelanto.

Pienso que el autor de ese desafortunado y provocador artículo si ha leído el libro de Millares Cantero se sentirá avergonzado de su ligera, equivocada y lamentable aseveración.

Por todas estas horribles tropelías relatadas anteriormente, principalmente la inhumana incomunicación total de Gran Canaria durante la epidemia de cólera, dejando desasistida a la población de la isla -procedimiento típicamente nazi a los que los chicharrerones se adelantaron bastantes años- los grancanarios, sobre todo los grancanaristas, no podemos ni debemos olvidarlos sino además hacerlos conocer a nuestro jóvenes, y ni mucho menos perdonar a Santa Cruz de Tinerfelandia por su felonía por su crueldad y por su vileza, que estoy seguro repetirían ahora si les fuera posible. Los hechos expuestos son elocuentemente demostrativos de mi afirmación.

NUEVA CANARIAS Y LA AUTONOMÍA PARA GRAN CANARIA

He oído al presidente de Nueva Canarias, Román Rodríguez, denunciar duramente en un canal local de televisión que el presidente del Jodierno Atinómico, Paulino Rivero, ha beneficiado descaradamente durante la legislatura que está finalizando a Tinerfelandia con numerosas inversiones por cero para Gran Canaria. Esto quiere decir que estamos volviendo a épocas precedentes a 1927, cuando Santa Cruz era capital única de Canarias, ya que a esos efectos para nada sirve la capitalidad compartida. Si esto es así señor Román Rodríguez, y no cuestiono la veracidad de sus afirmaciones sino que lo creo porque lo he comprobado -por ejemplo en los hospitales santacruceros se realizan intervenciones quirúrgicas que en los nuestros no, por lo que los pacientes grancanarios tienen que trasladarse allá para ser operados. ¿Cómo es posible que suceda esto cuando Las Palmas de Gran Canaria es muchísima más importante en todos los órdenes y casi la duplica en población?- ¿por qué usted, en lugar de prestarse al juego de la actual autonomía y participar en las elecciones, no se decide a acaudillar la Autonomía para Gran Canaria -si Lanzarote y Fuerteventura no quieren unírsenos allá ellos con las consecuencias- y cambia el nombre de su partido por Nueva Gran Canaria simplemente? En lugar de un simple diputado más en el Parlamento Regional usted podría ser el primer presidente de la Comunidad Autónoma de Gran Canaria porque tenga la seguridad de la gran mayoría de los grancanarios le votarían.

Examine con detenimiento esta propuesta mía y no se obstine en una Comunidad Autónoma de Canarias gobernada desde hace ¡20 años! por Coalición Canalla, que no es otra cosa que ATI, y usted lo sabe muy bien porque fue presidente autonómico, aunque benefició poco a su isla para serle sincero, quizá influido por el entorno ático. Y si lo ha comprendido y rectificado separándose de Coalición, bienvenido sea al grancanarismo. Entienda que a Gran Canaria no le conviene en absoluto seguir en la actual Comunidad Autónoma porque a pesar de la capitalidad compartida -que no tiene efectividad para nosotros- (el Parlamento se lo regaló a Tinerfelandia el traidor -políticamente hablando- José Miguel Bravo de Laguna cuando era presidente provincial de Las Palmas de UCD en los vergonzosos y claudicantes pactos de Medinaceli, en Madrid, y paradójicamente ha sido el más votado para la presidencia del Cabildo de Gran Canaria porque la mayoría de los votantes no conoce su traición, de la que dice no se arrepiente, y se supone que ha de luchar y defender a Gran Canaria desde su Cabildo)- ATI es la que real y verdaderamente manda y gobierna con la connivencia de políticos grancanarios, como José Manuel Soria, que cuando le expuse que se estaban llevando para allá Consejerías y organismos autonómicos que por el Estatuto le correspondían a Las palmas de Gran Canaria, me contestó que eso no le importaba porque así teníamos menos funcionarios, y en ese momento era presidente de nuestro Cabildo y se presume que debería defender a la isla de los expolios que le hacían.

Tampoco comprendo como hay grancanarios -que no grancanaristas, que somos los que luchamos por Gran Canaria y la defendemos- integrados en las filas de Coalición Canalla que se han presentado por esta formación en nuestra isla cuando son unos meros lacayos de ATI y no podrán realizar obras que la favorezcan o beneficien porque sus jefes se lo prohibirán ya que podrían perjudicar o no interesar
a Tinerfelandia. Por todo lo expuesto, señor Román Rodríguez cambie de estrategia, olvídese de Canarias tal como la entiende Coalición Canalla-ATI, contra la que no podrá luchar en el terreno de ella y céntrese en Gran Canaria -ya que otros partidos no lo hacen- para que sea usted el primer presidente de la Comunidad Autónoma de Gran Canaria, que creo es posible según mi interpretación del artículo 143, número 2 de la Constitución española. Esto no quiere decir que una vez conseguida nuestra autonomía -porque ya hemos perdido las ventajas que nos deparó la división provincial de 1927- no mantengamos relaciones amistosas con la Comunidad Autónoma que resulte de nuestra salida.

Usted NUNCA podrá ser presidente de la actual Comunidad Autónoma porque los tentáculos de ATI son muy largos y menos con este absurdo sistema electoral, que hay que cambiar urgentemente. Y no olvide que le pueden votar para la de Gran Canaria cientos de miles de grancanaristas bien aleccionados por una eficaz propaganda, como sucedió con la multitudinaria manifestación a favor de nuestra Universidad, que se logró a pesar de todos los obstáculos, impedimentos y contramanifestación de "notables" chicharrerones que se oponían a ella. Hecho único en el mu

jueves, 16 de septiembre de 2010

COMUNICADOS

Pensamos que la justa lucha que llevaron a cabo nuestros abuelos por quitarse el yugo tinerfeño y que supuestamente culminó en 1927, con la división provincial, debe ser recuperada puesto que el yugo ha reaparecido desde la creación de la Comunidad Autónoma de Canarias, en el año 1982, gestada por el caciquismo tinerfeño y sus cómplices en el pacto de Las Cañadas.

Desde entonces se ha incumplido la ley de sedes y se ha expoliado sistemáticamente diversas instituciones en Gran Canaria, como puede ser Saturno, Hecansa e ISTAC. Por otro lado se ha manipulado y escondido diversos datos referentes a la recaudación de impuestos por islas, censos de población e injustas leyes para frenar el desarrollo de Gran Canaria a favor de Tenerife, como es la moratoria turística y la ley de comercio. Sobre la ley de capitalidad, ya elaborada, tenemos más de lo mismo, una ley que beneficiará a Santa Cruz de Tenerife, con el doble menos de población que Las Palmas de Gran Canaria y que los cómplices grancanarios han ratificado.

Mientras tanto en Gran Canaria y su provincia tenemos que soportar las penurias como en el siglo XIX, pero trasladado a nuestro tiempo, no hay casi diferencia entre una y otra época, nosotros tenemos que soportar el paro como consecuencia de nuestro freno impuesto, los malos y escasos servicios sanitarios, menor inversión en educación, sanidad, infraestructuras básicas y mientras tanto ellos reciben más para su universidad, hospitales y todo en general, aún así se siguen quejando de vicio.

Desde hace doce años las Islas Orientales eran las que en exclusividad recibían la inmigración llegada por pateras, especialmente Fuerteventura y Lanzarote y Gran Canaria en los últimos años, nunca desde el gobierno de Canarias le dieron importancia y ahora que llega a Tenerife han removido todo lo que se puede remover y encima con toques de xenofobia e insolidaridad. Aún recordamos cuando desde nuestra provincia les mandábamos algunos inmigrantes por la saturación de nuestros centros y desde Tenerife se subían por las paredes, ellos nos pueden mandar 600 inmigrantes, como han hecho hace poco y aquí no decimos nada porque al igual que en el siglo XIX y siempre, nos ha caracterizado la solidaridad frente a los desafortunados vecinos que nos ha tocado, verdaderos demonios haciendo honor a su Infierno.

Imagino que todo el mundo por estos lares sabrá de todas estas referencias y miles más, lo peor que nos podría pasar sería olvidar nuestro pasado y de quienes no nos han dejado levantar cabeza y lo siguen haciendo, como una maldición que nos ha tocado vivir, quizás es lo que tiene vivir al lado del Infierno. El 20 de diciembre de 1868 el periódico “El Federal” decía: “¡ciudadanos de estas tres islas, saludemos con entusiasmos el futuro estado de las Canarias Orientales, bajo el fecundo y saludable sistema de la descentralización administrativa que es inherente a la República federal! ¡¡paso al estado de las Canarias orientales!! ¡¡ atrás el yugo centralizador y absorbente!!” Ojalá sea este nuestro futuro que desde hace tanto tiempo anhelamos.

Muchos estarán pensando en el insularismo ¿es insularismo reclamar la autonomía para nuestra isla o provincia? ¡en absoluto! el reclamar por nuestro desarrollo, derechos y futuro no es insularismo, los insularistas son los que acaparan y frenan el curso natural del desarrollo y progreso de los otros y bajo una falsa unidad canaria y ese insularismo unidireccional siempre existirá, como ha demostrado la historia, no sólo desde el siglo XIX sino desde la conquista y puede que antes también.

lunes, 1 de marzo de 2010

Cuento sobre la Historia y Política Económica Gran Canaria

Erase que se era un Señor llamado Bartolomé que en Gran Canaria vivió el sueño del turismo y el crecimiento acelerado. Un turismo maravilloso que trajo riqueza para las arcas de los gobiernos locales, la posibilidad de modernizar infraestructuras, la apertura al exterior y la posibilidad de personas como él de trabajar en algo que no fuera la agricultura o artesanía local. Bartolomé residía junto a sus padres en el pueblo de Tunte allá por la mitad de los años sesenta. Sin embargo, en plena adolescencia y a la vista de los acontecimientos que se sucedían en la costa del sur de Gran Canaria, decidió desplazarse hasta la misma para conseguir algún trabajo que mejorara la situación de su familia y que, especialmente, lo llevaran fuera de los pequeños terrenos agrícolas de sus padres. Pronto logró hacerse con un puesto de aprendiz en los trabajos de construcción de algunas plazas hoteleras y llevar a sus padres y hermanos los primeros frutos de su duro trabajo. Tras sólo unos pocos años se percató, a pesar de no tener formación y de no conocer más mundo que su tierra, que el perfil sur de la isla de Gran Canaria que tanto amaba estaba cambiando radicalmente. Sin embargo, “¿qué más daba?”, todo era abundante en aquel entonces, la tierra, la playa y sus dunas y el oasis de Maspalomas no parecían tener fin, y lo que es más, no parecía que aquellas nuevas construcciones pudieran afectar a tan impresionante y “fuerte” ecosistema.
Pasaron más de dos décadas y allá por finales de los ochenta Bartolomé era dueño de una pequeña empresa de transporte y de una lavandería que surtía a un número más que respetable de complejos turísticos de Playa del Inglés y San Agustín. Sin duda su vida había cambiado radicalmente. Ahora disponía de su propia empresa, residía en una adorable y coqueta casa no muy lejos del barranco de Maspalomas a la altura del antiguo poblado del mismo nombre y ahora llamado San Fernando y estaba felizmente casado con una buena mujer. Pino, su esposa, había estado trabajando en los tomateros del sureste de la isla hasta hacía bien poco, sin embargo, tras el cierre del último invernadero en el que trabajaba se decidió, ante la insistencia de su marido, a trabajar como camarera de pisos en unos de los complejos donde Bartolomé tenía buenos contactos. Además, el feliz matrimonio contaba con tres hijos para los cuales esperaban estar en disposición de ofrecer buenos estudios y darles todo lo que a ellos no les fue posible alcanzar. En algunas ocasiones Bartolomé y Pino al llegar la noche salían a pasear junto a sus hijos por las zonas turísticas que tan bien conocían. El ambiente era fantástico, numerosos turistas de diversas nacionalidades iban y venían por las calles y llenaban todos los establecimientos. Gran Canaria tenía, como hoy, un clima excepcional y la “venta” del sol y playa parecía no tener ningún eslabón débil. El bienaventurado matrimonio durante aquellos paseos conversaba, a veces, sobre aquellas voces críticas que desde hacía algún tiempo se empezaban a escuchar las cuales esgrimían que la construcción estaba afectando seriamente al litoral de la isla y que su materia prima, las Dunas de Maspalomas, empezaban a resentirse de su brutal explotación. Sin embargo, pensaban ellos, “¿porqué exagerar?, a nosotros nos va muy bien y nuestro ayuntamiento es de los más ricos del país ¿para qué preocuparse? Cuando se necesite se actuará sobre las instalaciones o sobre el ecosistema pues allí estarán los políticos que tan buena fortuna hasta la fecha nos han traído”… Sin embargo los ayuntamientos turísticos no reinvertían en la renovación de las plazas hoteleras y en las infraestructuras públicas y si lo hacían sólo eran parches. La cuestión ecológica y equilibrio medioambiental no eran tenidos en cuenta en los nuevos proyectos, y además no importaba crear nuevas plazas hoteleras sin mayor ofrecimiento de divertimento que piscinas, sol y playa sin buscar más alternativas. Estos problemas locales unidos a una fuerte crisis internacional condujeron a Gran Canaria a la acentuación de su crisis turística de principios de los años noventa.

Tras aquellos duros años Bartolomé y su esposa desistieron de viajes de placer, despidieron a dos empleados de la lavandería además de tener que prescindir de un viejo amigo del transporte bien respetado y querido. Pino, por su parte, no pudo mantener su empleo de camarera de pisos y tuvo que dedicarse personalmente al negocio de la lavandería para suplir la falta de personal. Además, a nivel local, durante aquellos años sucedió algo que parecía imposible, y muchos propietarios de plazas hoteleras en explotación tuvieron que vender a particulares un importante número de apartamentos o bungalows: era el principio de la conversión a residencial de una de las más fructíferas y bellas zonas turísticas… al menos bellas en algún momento del pasado. Sin embargo aquellos malos años no duraron siempre y los años finales de la década de los noventa y el principio del nuevo siglo parecieron dar un respiro a la familia compuesta por Bartolomé, Pino y sus hijos. En cuanto a éstos, dos habían conseguido plaza en la recién nacida Universidad de Las Palmas de Gran Canaria para estudiar Derecho e Ingeniería Industrial respectivamente en su propia isla (gracias a una multitudinaria manifestación en la capital en 1.988 de más de trescientas mil personas para que el gobierno Canario dejara de boicotear nuestro progreso en favor del monopolio tinerfeño), puesto que de no ser así no habrían podido costear los estudios universitarios fuera de Gran Canaria. Mientras tanto el tercero de sus hijos había decidido dejar los estudios y trabajar como Oficial de Mantenimiento en un hotel de renombre en el sur de la isla.
Sin embargo los años han seguido su curso y ahora Bartolomé y su esposa empiezan a entender porqué desde hacía algunos años existían voces críticas que se alzaban en contra del crecimiento especulativo, de la construcción en general y la turística en particular. Las Dunas de Maspalomas, el mayor reclamo turístico y por tanto materia prima esencial están en declive, los nuevos proyectos no incluyen actividades de interés, no existen servicios de restauración de primer o segundo nivel, no existen proyectos serios de parques temáticos bellos y respetuosos con el medio ambiente y aquellos que poseemos no les damos propaganda (Palmitos Park y Aqualand entre tantos otros) y lo peor es que preferimos anunciar el Loro Parque, el Lago Martianez, Las Cañadas del Teide y el Sean Park en nuestros paneles publicitarios o en nuestro coches con pegatinas, no existen medios de transporte que faciliten la movilidad del turista y que hagan a éste consumir en otras partes de Gran Canaria, no creamos ni explotamos ni cuidamos nuestros monumentos y yacimientos arqueológicos (como el de Arteara en la carretera de Fataga entre tantos otros), no somos capaces de mantener nuestros mejores museos (como el Museo Canario), nos cuesta dar a conocer internacionalmente hechos históricos (como qué Cristóbal Colón hizo escala en Las Palmas Gran Canaria antes de descubrir América y que partió de las costas de Maspalomas en su último viaje a dichas tierras). Y lo que es peor, nuestros ayuntamientos turísticos que uno vez fueron ricos ahora están mendigando para intentar renovarlo todo (o eso nos cuentan).
Bartolomé y Pino ahora sufren por el futuro de sus hijos. El más pequeño ha sido despedido en esta nueva crisis económica del hotel donde trabajaba como Oficial de mantenimiento. El mayor, el estudiante de derecho, trabaja en una entidad bancaria en la capital de la isla sumida en la preocupación pues claro, la mayoría de las empresas clientes de esta entidad eran empresas de construcción o empresas turísticas que se han venido abajo, y el hijo ingeniero lleva años buscando quién le acepte algunos de sus proyectos innovadores pero sólo ha conseguido un puesto cómo comercial de productos de telefonía móvil.
Ante este panorama Bartolomé y Pino miran por la ventana de su casa en San Fernando y ven como el personal contratado del Ayuntamiento asfalta su calle y pinta de blanco el borde de sus jardines, claro, queda poco para las elecciones y hay que conseguir votos, pero el matrimonio se ha vuelto ahora más listo y piensa “¿de qué sirve que me asfalten la calle y nos pinten los bordes de mi zona?” Sólo sirven los proyectos inteligentes que regeneren la actividad turística y urbanística de la isla y el ofrecimiento de mayores y mejores ofertas de ocio, sólo sirven los proyectos de transportes limpios y modernos, proyectos del aprovechamiento del espacio insular, la publicidad inteligente de aquello que podemos vender al exterior así como el reclamo popular a nuestros políticos que no se nos compra el voto con asfaltarnos una carretera, concedernos un vado, hacernos una escalera, pintarnos los bordes de los jardines, etc. Que sepan que deben ganarse nuestro voto proporcionándonos un futuro con proyectos serios, económicamente posibles, medioambientalmente respetuosos y que concedan a Gran Canaria la modernidad y lugar que merece. Debemos hacer cambiar a nuestros Ayuntamientos y políticos grancanarios en general y debemos hacernos oír en el Gobierno y Parlamento Autónomo para que desde las fuerzas políticas de Tenerife que en esas esferas nos gobiernan no boicoteen más nuestros proyectos de progreso.